IOANNES, EPISCOPVS
SERVVS SERVORVM DEI
PRIMAS ITALIÆ ET ARCHIEPISCOPUS PROVINCIÆ ROMANÆ METROPOLITANUM
DOMINUS STATUS VATICANÆ CIVITATIS
PATRIARCHA OCCIDENTIS
Ad Perpetuam Memoriam Dei
A todos los que lean esto o se enteren, un saludo y bendición apostólica.
Los obispos, como sucesores de los Apóstoles, desempeñan un papel fundamental en la transmisión y preservación de la fe católica. Al recibir la ordenación episcopal, reciben la misión de santificar, enseñar y gobernar al pueblo. Esta sucesión apostólica constituye un vínculo inquebrantable con los primeros discípulos de Cristo, confiriéndoles una autoridad divinamente ordenada para guiar y pastorear al pueblo de Dios.
La ordenación episcopal confiere a los obispos la gracia sacramental que les permite administrar los sacramentos. Además, la responsabilidad de enseñar y preservar la doctrina de la fe es fundamental para la misión episcopal. Los obispos están llamados a proclamar la verdad del Evangelio, guiando a los fieles hacia una comprensión más profunda de las enseñanzas de Cristo.
Sin embargo, es lamentable que algunos obispos, a pesar de haber recibido esta sagrada misión, no la ejerzan adecuadamente. La falta de participación activa en la comunidad, en las diócesis y en la promoción de la fe puede comprometer la vitalidad espiritual de la Iglesia. Como enseñó Jesús, «todo árbol que no da buen fruto es cortado y arrojado al fuego». De igual manera, cuando un obispo no cumple con su misión de santificar, enseñar y gobernar, hace que el Colegio Episcopal pierda su integridad y misión.
La metáfora del árbol sin fruto nos recuerda la importancia de la responsabilidad y el compromiso de los obispos con la misión divinamente asignada. La Iglesia, como un jardín espiritual, requiere líderes dedicados que cultiven los frutos de la fe, el amor y el servicio. Cuando un obispo no atiende a este llamado, es necesario considerar medidas que preserven la integridad de la fe y la comunión eclesial.
Por tanto, después de una evaluación cuidadosa y contemplativa, de acuerdo con los principios del derecho canónico, concluimos que su continuidad en el tercer grado del Orden Sagrado no es coherente con las exigencias y responsabilidades inherentes al sagrado oficio de obispo.
Por tanto, para preservar la integridad del Colegio Episcopal, la fe y la comunión eclesial, y oído el parecer del Dicasterio para los Obispos, en ejercicio de nuestra autoridad apostólica, decretamos y ordenamos la dimisión del tercer grado del Orden Sagrado de los Reverendísimos Padres Sebastian Acosta e Joe Paz Parraz
Los sacerdotes mencionados estarán de ahora en adelante bajo la tutela del Dicasterio para el Clero, permaneciendo disponibles para ser nombrados en una diócesis. Esperamos que este período sirva como una ventana para la restauración de la comunión con las responsabilidades y que, finalmente, podamos presenciar una renovada dedicación al servicio de nuestro Señor Jesucristo y al rebaño confiado a su cuidado.
Finalmente, como última advertencia a todos los obispos, la responsabilidad de los obispos va más allá de una posición de autoridad; es un llamado a ser fieles servidores del Evangelio, guiando al rebaño de Cristo con celo, sabiduría y amor. Que todos los obispos, como sucesores de los Apóstoles, asuman plenamente su misión, para que el árbol de la Iglesia florezca abundantemente, nutriendo a los fieles con los frutos de la verdad y la gracia.
Datum Romae, apud S. Petrum, die Viginti tres mensis ianuarii, anno Domini bis millesimo vicesimo sexto, Pontificatus Nostri anno secundo.

